lunes, 10 de enero de 2011

EL TEATRO CLÁSICO FRANCÉS DE LOS SIGLOS XVI Y XVII. AUTORES


PIERRE CORNEILLE

   Corneille (1606-1884) tuvo sus primeros éxitos con un teatro que no contemplaba los preceptos, hasta que en 1636 se representó su obra "El Cid", inspirada en "Las mocedades del Cid" de Guillén de Castro. La obra obtuvo gran éxito, pero también suscitó una enconada polémica, ya que los preceptistas le reprocharon que no se ajustara a las normas clásicas, en un momento en el que el Clasicismo se imponía con fuerza. El dramaturgo aceptó las críticas y en sus siguientes obras acató los preceptos que se le demandaban. Escribió entonces sus mejores tragedias: "Horacio", "Cinna" y "Poliuto". 
   También fue un importante comediógrafo. En este terreno destacan "Mélite" y "El mentiroso" (imitando "La verdad sospechosa" de Ruiz de Alarcón). Recibió importantes reconocimientos, pero hacia la mitad de siglo su fuerza creadora se fue debilitando y, aunque aún escribió numerosas obras, no volvió a obtener el éxito conseguido con las anteriores. 
    A Corneille se le reconoce el mérito de haber diseñado el modelo de la tragedia francesa, que posteriormente desarrolló y mejoró Jean Racine, más joven que él. 


JEAN RACINE

   La educación jansenista de Jean Racine (1639-1699), de una acentuada severidad moral, lo marcó profundamente en su concepción de la tragedia, impregnada siempre de un grave pesimismo. Sus personajes viven siempre insalvables dramas interiores provocados por pasiones irrefrenables. De este modo, el amor aparece en sus tragedias como un sentimiento destructivo marcado por la fatalidad.
   El estilo de sus tragedias es elevado, sobrio y elegante, y están estructuradas con un rigor absoluto; todos los elementos dramáticos están estrictamente al servicio de la acción, la cual plantea una única crisis conducida con mano segura hacia un desenlace inexorable y desgraciado.
    Aunque su producción literaria es abundante, la creación de sus más grandes tragedias se concentra en unos pocos años: "Andrómaca" (1667), "Británico" (1669), "Berenice" (1670), "Ifigenia" (1674) y la que se considera su obra maestra, "Fedra" (1677).


JEAN-BAPTISTE POQUELIN, MOLIÈRE

   Jean-Baptiste Poquelin, más conocido por el seudónimo de Molière (1622-1673), está considerado como uno de los grandes dramaturgos de todos los tiempos. Nació en París en 1622; hijo de un tapicero real, recibió una esmerada formación con los jesuitas, lo que le auguraba un porvenir acomodado, pero a los 20 años renunció a él para dedicarse al teatro. Con 21 años fundó junto a la familia Béjart su propia compañía teatral, con la que recorrió Francia, alternando el oficio de actor con la creación de sus propias obras. Tras su regreso a París en 1658, comenzó a obtener sus primeros éxitos con divertidas farsas en las que ya se entreveían las comedias de caracteres, que acabaron por consagrarlo. Su crítica social le granjeó enconadas enemistades; sin embargo, gozó de la protección de Luis XIV. En 1673, durante una representación de "El enfermo imaginario", sufrió un ataque y murió pocas horas después
  Molière es el creador de la comedia moderna, en la que funde los elementos cómicos de la farsa tradicional francesa e italiana (la Commedia dell' arte) con la descripción de los vicios y las virtudes de la sociedad de su tiempo y  un penetrante análisis de la psicología de sus personajes ( todos ellos verosímiles y reconocibles por el público). Estos elementos se ensamblan con una extraordinaria habilidad teatral, a través de diálogos muy vivaces.
 Aunque tuvo que doblegarse a las normas clásicas, no lo hizo sin advertir que una comedia podía ser excelente sin respetarlas. Su objetivo era el de divertir al gran público («la gran regla de todas las reglas es gustar»), pero, por medio de la diversión, consiguió hacer una crítica de la falsedad e hipocresía de su época. Conocedor y admirador de la comedia latina de Plauto, dio vida a una serie de personajes y de debilidades humanas a los que pone en ridículo en sus obras: el avaro amante del dinero en "El avaro"; el nuevo rico, en "El burgués gentilhombre"; la mujer pedante y pretenciosa en "Las preciosas ridículas"; el médico de lenguaje oscuro, en "El médico a palos" o en "El enfermo imaginario" y, por último, la religiosidad hipócrita, en el "Tartufo". Esta obra fue prohibida por el arzobispo de París por impía, y "La escuela de las mujeres", una apología de la tolerancia y la libertad de educación, fue acusada de licenciosa e inmoral.
  En algunos textos, la sátira de Molière se tiñe de amargura y pesimismo, lo que da lugar a las llamadas «obras graves»: el ya mencionado "Tartufo";"El misántropo", que recrea el tipo de quien siente odio hacia el ser humano y la sociedad, y el "Don Juan o el festín de piedra", en el que el personaje de Tirso de Molina  se convierte en un joven rebelde, frío y analítico que se complace  en transgredir todas las normas éticas.

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