domingo, 6 de febrero de 2011

LA POESÍA ROMÁNTICA INGLESA

La poesía romántica inglesa se manifiesta en dos generaciones de escritores:

a) La primera recibe el nombre de lakistas, porque sus componentes residieron una temporada en la región de los lagos del noroeste de Inglaterra. Compusieron los primeros poemas claramente románticos entre 1798 y 1815, y está representada sobre todo por William Wordsworth (1770-1850) y Samuel Taylor Coleridge (1770-1834).

b) Los poetas de la segunda generación reciben el nombre de poetas rebeldes; forman parte de ella tres grandes figuras de la lírica inglesa: Lord Byron (1788-1824), Percy Bysshe Shelley (1792-1822) y John Keats (1795-1821).

1. WILLIAM WORDSWORTH

   En colaboración con Coleridge, publicó en 1798, anónimas, las "Baladas líricas", cuyo prólogo es considerado como el manifiesto del Romanticismo en Gran Bretaña. Los temas principales de su poesía nacen de la observación directa de la naturaleza por los sentidosy de una intención de liberar al hombre en el ámbito político, religioso y sexual, intención no ajena a la simpatía que en una época sintió por la Revolución Francesa, contra cuyos ideales acabó sin embargo por reaccionar.
   La renovación del lenguaje poético que propugnó y prcaticó consiste básicamente en el alejamiento de la jerga convencional de la literatura a favor de una dicción más cercana al habla común. Su vasta producción, cuya joya es quizá el autobiográfico The Prelude, tiende a evitar los materiales tópicamente poéticos para explotar en cambio la expresividad del lenguaje ordinario y la nobleza de los temas rústicos. Central en Wordsworth es la distancia que se establece entre la experiencia inmediata y en recuerdo de esa experiencia tal y como se revive en el poema: la poesía es "la emoción rememorada en la tranquilidad".

2. SAMUEL TAYLOR COLERIDGE



   Coleridge se destacó como el mayor teórico de la primera generación del Romanticismo inglés, en particular al lado de Wordsworth, con quien compartió muchos ideales y proyectos. La adicción al opio, un carácter voluble y la "vocación de ser un hombre echado a perder" (T. S. Eliot) no le permitieron dejar una obra poética más contundente, pero la "Balada del viejo marinero" y el "Kubla Khan" (1816) bastan para reconocerle una fisonomía propia, por su efusiva evocación de lo fantástico y de lo exótico. En la misma línea va el inconcluso "Crristabel". Especial influencia y popularidad consiguió gracias a sus escritos filosóficos y críticos. La "Biographia literaria" diagnosticó con bastante anticipación el peligro que aún había de acusarse en el Romanticismo posterior: evaluar la obra de un autor por su mitología personal más que por su hechura literaria. Muy analizada ha sido su distinción entre la "fantasía", que se limita a acumular desordenadamente imágenes e impresiones, y la "imaginación", que las elabora y reduce a la unidad.

3. LORD BYRON


   Nadie como él ha encarnado el mito del poeta rebelde, aventurero y transgresor. De cuna aristocrática, culto y atractivo (aunque es cierto que cojeaba ligeramente), George Gordon Byron comenzó su carrera con un libro de poemas, "Horas de ocio", a cuya mala acogida reaccionó con una composición satírica, "Bardos ingleses y críticos escoceses", que le congració en cambio el favor del público. En 1812, a la vuelta del "Grand Tour" que lo había llevado a Lisboa, Sevilla, Cádiz y al próximo Oriente, publicó los dos primeraos cantos de "Las peregrinaciones del joven Harold", poema narrativo de tono autobiográfico destinado a tener gran éxito. Las deudas y los escándalos, como los de su separación matrimonial y la relación amorosa con su hermanastra, le fueron cerrando puertas y le aconsejaron marcharse primero a Suiza (cerca del lago Leman, juanto a Shelley y su mujer) y luego a Italia, donde vivió una apasionada historia con una condesa veneciana y tomó partido por la independencia de Grecia. Unas fiebres acabaron con él cuando estaba a punto de unirse a los insurrectos. Las obras más celebradas de Byron fueron los poemas narrativos "The Corsair", "Mazeppa" y el que mejor ha soportado el paso del tiempo, "Don Juan", cuyo héroe, inteligente y altivo, tierno y pecador, pasea por el mundo una mirada burlona y habla con el desafío de un buen conversador. La última fase de su poesía pierde espectacularidad y desgarro y gana en hondura psicológica e intelectual.

4. PERCY BYSSHE SHELLEY
  Como miembro de una familia distinguida, se educó en Eton y Oxford y pudo vivir gracias a las pensiones y herencias de los suyos, por más que sus matrimonios y amores le causaron no pocos problemas, llevándolo a instalarse en Suiza y luego, desde 1818, en Italia, donde se ahogó en el naufragio de su yate. Había sido expulsado de la Universidad a raíz de la publicación del ensayo "La necesidad del ateísmo", acorde ya con los ideales racionalistas y revolucionarios que pronto articuló en su poema "Queen Mab" (1813), luego muy difundido y que lo volcaron un tiempo en la agitación política. Su obra, irregular y a veces un tanto desdibujada, se distingue por el aliento visionario, la inspiración utópica y una rica vena meditativa, presente también en muchas de sus piezas líricas y en el excelso "Prometeo desencadenado" (1820). La plenitud de su poesía la alcanzó sin duda en "Adonais" (1821), elegía a la memoria de su amigo John Keats y a la vez apasionada proclamación de la fuerza de la poesía para superar las adversidades. El ensayo "A Defence of Poetry" insiste en la función social y el carácter profético de los poetas.
5. JOHN KEATS

   A diferencia de Byron y Shelley, Keats no se preocupó por la política ni por la religión, sino que condensó su esfuerzo creativo en la elaboración de una poética y una estética ideales, no carentes sin embargo de convicciones éticas. Proveniente de una familia humilde y cirujano de oficio, entró en el mundo literario hacia los 20 años y tuvo una vida marcada por las desgracias y por la enfermedad. Pese a que los "Poems" de 1817 fueron recibidos con tanta acritud como el largo "Endymion" de 1818, está claro que Keats es el maestro de las formas breves del Romanticismo inglés. En efecto, carente de la habilidad narrativa de Byron, lo más logrado de su obra es de carácter lírico y se encuentra en algunos de los sonetos de su etapa inicial, en "Lamia and other Poems" y en otras piezas de los últimos años, tales "La belle dame sans merci", "La víspera de Santa Inés" e "Hiperión". Justamente estimadas han sido siempre la "Oda a un ruiseñor", en la que la belleza del canto del ave supera con creces la muerte y el dolor humanos, y la "Oda a una urna griega" donde la belleza, inmortalizada por el arte, se contrapone a la caducidad de la vida, a la cual se superpone. La limpidez expresiva y la gracia verbal dan a la lírica de Keats una tonalidad inconfundible.
 




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